Aurelia Navarro o el precio de la libertad

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El precio de la libertad

Durante años había ido acumulando en el corcho de la oficina las imágenes de las exposiciones de pintura a las que acudía casi todas las semanas. Era una manera intuitiva de abstraerme del gris de las paredes y buscar inspiración en la belleza de las láminas.

Fue un compañero en una visita de trabajo el que se percató de que la mayoría de las imágenes (por no decir todas) eran de mujeres desnudas. El motivo por el que mi mente inconsciente había hecho esta selección se debía a la libertad de ataduras y convenciones que me transmitían esos cuerpos y que me conectaban con mis valores.

Una libertad, que años más tarde, alguien señaló como reproche incendiario a mis decisiones “Tu sí puedes porque eres libre”.

Esa frase la he guardado como un tesoro y desde entonces ha sido el bastión de los giros que ha ido tomando mi vida personal y profesional y me ha dado la guía cuando necesitaba, en situaciones críticas,  confiar en mi criterio y no el que me imponían las opiniones de los demás.

Esta pequeña anécdota me ayuda a presentar a la verdadera protagonista de este artículo: la pintora granadina Aurelia Navarro Moreno y el motivo ha sido encontrarme de nuevo con una de sus obras más relevantes en la exposición “Desnudos, Cuerpos normativos e insurrectos en el arte español”, exposición realizada por el Museo Thyssen de Málaga.

La historia de las mujeres que han desafiado las normas establecidas está marcada por un alto precio: la crítica, la marginación y, en muchos casos, el olvido. Y el caso de Aurelia va mucho más allá: la pérdida del talento de una artista.

La historia de Aurelia

Aurelia nació en 1882 en Granada, en una sociedad que limitaba el acceso de las mujeres a una formación artística plena. Sin embargo, su talento y determinación la llevaron a estudiar con grandes maestros del momento como José Larrocha y Tomás Muñoz Lucena, logrando desarrollar una técnica refinada y una visión propia dentro de la pintura.

La obra que disfruté por primera vez en el Museo del Prado en la muestra “Invitadas” titulada Desnudo obtuvo la tercera medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes detrás de Santiago Rusiñol y Julio Romero de Torres con el que compartió la temática del desnudo femenino en la obra premiada.

Aunque la obra contó con muchísimas muestras de reconocimiento debido a la gran calidad artística de la obra, no contó sin embargo con la misma repercusión social ni profesional. El hecho de que una mujer pintara un desnudo (cuando estaba prohibida a las mujeres el estudio del cuerpo humano copiando del natural en los estudios de pintura), y que el rostro de la figura fuera un autorretrato de la artista influyó de forma negativa en las oportunidades profesionales para Aurelia.

Mi primera reflexión es cómo influyen los cánones establecidos en las oportunidades que podemos tener: es aplastante las diferencias entre el éxito conseguido tanto por Rusiñol como  Romero de Torres, los dos pintores que compartieron con Aurelia los premios del certamen y el silencio absoluto de muchas entidades ante la obra de Navarro.  Tampoco Romero de Torres tuvo el rechazo por presentar un desnudo de mujer integral mientras que los comentarios negativos, muchos de ellos despectivos a la obra de Aurelia influyeron en sus decisiones personales y profesionales.

Las críticas y la presión social que siguieron a la presentación de esta obra afectaron profundamente a Navarro y al cabo de unos años la pintora decidió retirarse de la vida pública y artística, ingresando en el convento de las Adoratrices de Granada, donde adoptó el nombre de Hermana Aurelia María de la Resurrección. Esta decisión marcó el fin de su carrera artística y la llevó a una vida de clausura hasta su fallecimiento en 1968.

Claves para respetar nuestra identidad

Es cierto que gracias a mujeres valientes como Aurelia las oportunidades de desarrollo profesional han mejorado mucho para el entorno de las mujeres. Sin embargo, tener en nuestra memoria ciertas claves pueden ayudarnos a respetar nuestra identidad.

Conocer y reafirmar tus valores: Define claramente cuáles son tus principios y por qué son importantes para ti. Esto te ayudará a tomar decisiones importantes Es un ejercicio que recomiendo encarecidamente pues ayuda a seguir tu propósito alcanzando tus metas y te ayudará a tomar decisiones importantes

Escuchar activamente: Considera las críticas con mente abierta. Evalúa si tienen elementos válidos que puedan enriquecer tu perspectiva, sin perder de vista tu criterio fundamental. Utiliza un termostato para “bajar el ruido” de aquellas voces que no aportan nada positivo.

Desarrollar autoconfianza: Fortalece tu seguridad interna recordando tus logros y el camino que has recorrido. La autoconfianza te permite sostener tus ideas frente a la adversidad. Reconocer tus fortalezas es el primer paso para ser consciente del valor que tiene tu diamante.

Rodearte de apoyo: Mantén cerca a personas que compartan tus valores y que te brinden una visión equilibrada. Un círculo de apoyo puede reforzar tu determinación y ofrecer perspectivas útiles. Creo firmemente en la frase del escritor norteamericano Jim Rohn  “somos la media de las cinco personas con las que te rodean”. Ten cuidado donde inviertes tu energía y tu tiempo.

Comunicación asertiva: Aprende a expresar tus ideas de forma clara y respetuosa. Una comunicación efectiva ayuda a que las críticas se conviertan en oportunidades de diálogo y mejora, en lugar de ataques personales. La asertividad es la herramienta de un liderazgo humanista, constructivo y efectivo

Resiliencia y paciencia: Entiende que las críticas, incluso las negativas, pueden ser parte del proceso de crecimiento. Trabaja en desarrollar resiliencia para ver cada desafío como una oportunidad para aprender y fortalecerte. No te tomes nada de forma personal, uno de los cuatro acuerdos del famoso libro “Los cuatro acuerdos” del doctor Miguel Ruiz.

“La libertad se aprende practicándola”, frase de la gran Clara Campoamor, responsable de que las mujeres podamos votar desde 1931, es el primer paso para mantener nuestra independencia y nuestras ideas a pesar de las barreras que las creencias sociales, personales y culturales nos siguen afectando hoy.