Enfréntate al cambio: tu cerebro te lo agradecerá

Índice de contenido

El poder de la acción

¿Cuál es tu nombre? Ana

¿Qué quieres? Asumir que tengo el pelo blanco.

¿Estas dispuesta al cambio?

Se hizo el silencio. Cerré los ojos y mi sonrisa fue la señal que puso todo el proceso en marcha.

Cuando volví a abrirlos mi media melena había desaparecido. Fue rápido e indoloro, No ocurrió lo mismo con el tinte: necesité más de cuatro horas, un dolor de estómago causado por mi segundo cerebro y una carrera frenética para no perder el tren a casa para que el color rojizo que cubría mis canas se rindiera ante la evidencia de que había perdido la batalla en la revolución de “lleva el pelo como te dé la (real) gana”.

Reconozco que no soy nada original. Llegan las luces, los polvorones, los villancicos y el momento UVAS: ese en el que haces acopio de lo que ha sido el año que hemos finiquitado y como queremos empezar el año nuevo con la energía renovada, realizamos una lista interminable de cambios para mejorar nuestra nueva vida que se supone empieza cuando acabamos la última uva.

Parece muy sencillo: coger el nuevo cuaderno (con mensaje positivo en la portada  a ser posible), buscamos los rotuladores ( de colores chillones a ser posible) y nos ponemos a escribir con mucha ilusión (en este punto el optimismo se dispara)

Y ahí  se queda nuestro proyecto de renovación: escrito en una hoja preciosa que guardaremos con mucho cariño en uno de los cajones de la mesilla y que irá desapareciendo según vayan pasando los meses y quede sepultada por un montón de  papeles que vamos guardando de forma indiscriminada.

Más de la mitad de las personas que lean este artículo se sentirán identificadas con esta situación: la dificultad y la aversión por hacer algún tipo de cambio en su vida. El resto de la población tienen en común la primera característica y sin embargo  les motiva no seguir haciendo lo mismo y lo provocan a lo largo de sus vidas.

El reto del cambio

Podemos afirmar que el cambio es un reto complicado y difícil y que nos une por igual, nos guste o nos dé pavor la opción de incorporar algo nuevo en nuestras vidas

El responsable principal de nuestra parálisis y nuestros miedos no es que seamos seres incompletos o que hayamos nacido con el genoma de la inmutabilidad. Es nuestra querida mente que guiada por su compañero don cerebro ahorrador de energía nos incita a no movernos y a pensar que “más vale malo conocido que bueno por conocer”.

El cerebro tiene varias funciones que ayudan a ahorrar energía y una de las más importantes es la capacidad de formar hábitos y automatizar tareas. Es cuando nos sentimos en la “zona de confort”.

Lo que estamos haciendo al evitar constantemente actividades nuevas es contribuir al ahorro de energía cerebral, es decir, apagamos el interruptor de nuestro cerebro, ya que el procesamiento de información completamente nueva y desconocida requiere más recursos cognitivos y energía.

¿Qué te ocurre cuando te enfrentas a una nueva tarea en el trabajo, a conocer a alguien diferente o ir de vacaciones a un nuevo sitio? Tu cerebro debe dedicar más atención y recursos para comprender, aprender y adaptarse a esa nueva información o experiencia. Seguramente sientas algo de inquietud y nervios (aunque te encante el plan y lo confundas con las dichosas mariposas).

El cerebro ahorrador

Ahora viene la mala: la falta de exposición a nuevas experiencias y desafíos os puede llevar a la atrofia cognitiva. El cerebro es un órgano que se beneficia de la estimulación y el desafío para mantenerse sano. La neuroplasticidad, que es la capacidad del cerebro para reorganizarse y formar nuevas conexiones neuronales, se nutre de la exposición a situaciones nuevas y con cierto nivel de riesgo, aunque sean tan seguras como un corte de pelo.

Ya no valen las excusas:  “no estoy tan mal”, “total, para qué voy a cambiar”, “no merece la pena”, “así estoy muy cómoda”, que escucho de manera reincidente en las sesiones de coaching.

Evitar de manera constante lo nuevo puede suponer ahorro energético a corto plazo, pero a largo plazo puede limitar el desarrollo cognitivo y la adaptabilidad del cerebro. ¿Cómo hacer para enfrentarnos a ellos?

Sentirnos bien con nuestros miedos y que éstos nos permitan seguir caminando es un proceso en el que está muy implicada nuestra inteligencia emocional, autoconocimiento y autogestión.

Primeros pasos para gestionar nuestros miedos y hacerlos nuestros aliados

1.- Reconoce tus miedos. Es el primer paso para poder enfrentarte a ellos. Haz una lista con aquello que te asusta. Luego léelo en voz alta y observa cómo te sientes al hacerlo y verás que en la mayoría de las veces no es tan peligroso como tu mente quiere que lo sientas.

2.- Analiza tu miedo: Nuestros temores están basados en creencias o estereotipos.  Destripar estos sesgos nos hacen mucho más libres y mejoran nuestra autoestima.

3.- Desarrolla habilidades de enfrentamiento: Practica la gratitud, camina de forma erguida, levanta la cabeza y mira siempre al frente. Rodéate de personas que te apoyen y te motiven, que ya hayan pasado por esa experiencia y puedan compartir cómo lo hicieron. Cuenta con profesionales que te puedan ayudar a transitar por la experiencia y hacerla mucho menos dolorosa.

4.- Conoce la curva del cambio: Las emociones que sentimos van variando según transcurre el tiempo y pasamos de la fase inicial de crisis, ansiedad o resistencia emocional a una de exploración o descubrimiento donde aparece la curiosidad para acabar en la fase de aceptación donde ya hemos ganado experiencia y conocimiento y donde la ansiedad desaparece.

5.- Cambia tu narrativa interna: Utiliza afirmaciones positivas. Recuerda que el miedo es la certeza de que algo malo va a pasar. Reenmarca esa emoción y empieza a mirarlo como una oportunidad para crecer en lugar de un obstáculo.

Hay cambios sencillos, como un nuevo corte de pelo, o cambios que requieren un poco más de tiempo, como entrenar una nueva forma de comunicar e impactar a tu audiencia, con tu mensaje y tus ideas. Los dos son factibles si sigues estas pautas. Ambas decisiones pueden cambiar tu vida. Sólo tienes que dar el primer paso.

Superar el miedo es un proceso y cada paso que das te acerca a una vida sin limitaciones.

Escríbeme y te acompaño a descubrir tu diamante si te decides a mejorar tu comunicación.

Artículo publicado en Mujeres Valientes