¿Cuántas veces has asistido a una charla online, a una presentación de un libro o a un entrega de premios y te has quedado con la sensación de haber perdido el tiempo?
El motivo por el que las primeras filas están casi siempre vacías, lo que nos impide muchas veces intervenir en los debates o hablar con personas desconocidas no es por una falta de habilidades y conocimientos, sino por nuestros propios prejuicios, miedos e inseguridades.
Y sobre todo por la creencia limitante de que la presencia, eso tan intangible como poderoso, es algo innato, que “se tiene o no se tiene”.
¿Qué entendemos por presencia?
Para conseguir una meta tenemos que saber dónde se encuentra. Trabajar en nuestra presencia nos exige entender qué es lo que abarca y qué significado encierra. El primer mito a desmontar es creer que es solo una imagen física que podemos construir a golpe de talonario visitando webs de última tendencia.
Nuestra respetada Real Academia de la Lengua apoya esta teoría al definirla como “asistencia personal, o estado de la persona que se halla delante de otra u otras o en el mismo sitio que ellas”.
Una de las personas que empezó trabajando este concepto es Ammy Cuddy, con una historia personal contundente, autora de una de las charlas TED más vistas con más de 66 millones de visualizaciones: “Tu lenguaje corporal moldea quién eres” y del libro “El poder de la Presencia”.
Para la psicóloga social norteamericana, “La presencia es el estado de sintonía que permite expresar cómodamente nuestros verdaderos pensamientos, sentimientos, valores y potencial”.
Bajo este enfoque, la presencia se construye desde adentro hacia afuera. Consiste en un alto nivel de conciencia y autoconfianza que proyecta reputación y seguridad en los demás lo que les motiva e inspira.
Con un enfoque mucho más empresarial, la economista y empresaria Sylvia Ann Hewlett habla de presencia ejecutiva como la capacidad de inspirar la total confianza en las personas con las que nos relacionamos de que somos capaces profesionalmente y que somos confiables.
Ingredientes de la presencia ejecutiva
Esta autora entrevistó a más de 300 altos cargos en empresas de diversas industrias que ocupaban puestos clave en sus respectivas organizaciones para escribir su libro “Executive Presence: the missing link between merit and success” (Presencia ejecutiva: el vínculo entre el mérito y el éxito).
El objetivo era explorar las características que hacen que una persona sea percibida como alguien con presencia ejecutiva· un factor crucial para el desarrollo profesional. Hewlett identifica tres componentes principales de esta presencia: gravitas, comunicación y apariencia.
1.- Gravitas: es una de las antiguas virtudes romanas y se define como la combinación de confianza, equilibrio y autenticidad. Esta característica tiene un peso determinante del 67% en cómo nos mostramos ante los demás.
Tener esta virtud tiene un componente innato en nuestra personalidad, pero también podemos desarrollarla si somos conscientes de las competencias y habilidades que debemos desarrollar.
Trabajar en nuestra inteligencia emocional, conocer nuestras emociones, tener el autocontrol y equilibrio necesario y respetar también las emociones de los demás es uno de los pasos a seguir para aumentar nuestra gravitas. De esta manera, conectaremos a través de las empatía.
2.-Comunicación y cómo te expresas ante los demás es el segundo aspecto que actúa en un 28% sobre nuestra presencia.
La comunicación es una habilidad y cómo tal se aprende, se practica y se desarrolla. Con frecuencia veo profesionales que se escudan tras una falsa naturalidad ante su una falta de preparación y de conocimiento sobre las técnicas de cómo transmitir con autenticidad su mensaje.
La comunicación verbal y no verbal exige un trabajo de coaching y formación para conocer nuestras creencias limitantes y nuestras carencias comunicativas. Y sobre todo mucha práctica y feedback constructivo para ser más coherente con nuestro mensaje.
3.- Cómo apareces, tu apariencia física constituye tan sólo el 5%. Es cierto que es un porcentaje pequeño pero no por ello menos importante. Ser consciente de lo que transmitimos con nuestro exterior nos puede dar pistas para modificarlo o potenciarlo.
Empieza a construir tu presencia
1.- Sé consciente de tus fortalezas y no te dé miedo compartirlas
¿Postureo o realidad? Expresar aquello que has conseguido, el valor de tu trabajo y las evidencias de ello y tener un para qué para hacerlo, no es postureo: piensa que tu propósito es compartir y poder aportar tu valor.
Haz una autoevaluación: ¿Quién eres? ¿Qué valor ofreces? ¿Qué te apasiona? Tener estas respuestas listas te ayudará a comunicarte con fluidez
Sugerencia: Escribe, prepara tu presentación y practica con personas que te conozcan muy bien. Sé consciente de aquello realmente importante, significativo o sorprendente. Mucha gente me recuerda por la relevancia que tiene el arte en mi vida y cómo lo incorporo a mi actividad profesional.
Y sobre todo, sé consciente de cuánto tiempo te van a escuchar conociendo cuánto tiempo lo haces tú.
2.-Conecta de forma auténticas
El éxito no consiste en tener muchos seguidores o hablar con muchas personas, sino en el tipo de conexiones que hagas. Para ello es necesario algo con lo que luchamos todos los días: tiempo. Pararte, escuchar de forma activa, hacer preguntas, entender y mostrar un interés genuino por lo que nos están contando hará que las personas te recuerden sólo por cómo se han sentido al hablar contigo.
Sugerencia: Ya conoces el refrán: si tienes dos orejas sácales el máximo partido y optimiza la escucha en lugar de hablar. Uno de los aprendizajes más difíciles como coach fue darme cuenta de que pocas personas me escuchaban de forma activa.
3.-Proyecta una imagen acorde con tu mensaje
La comunicación no verbal juega un papel crucial en la impresión que causas. Albert Mehrabian analizó en los años 70 un estudio que sigue incluso más vigente en nuestros días donde la exposición visual es cada vez mayor, el impacto de más del 55% de nuestros mensajes depende de elementos no verbales.
Tu forma de vestir, tu postura y tus gestos son mensajes silenciosos que comunican cómo te sientes, cómo te ves y eso influye en cómo te ven los demás. No es cuestión de seguir modas, sino de alinear tu imagen con tu personalidad y con el mensaje que quieres transmitir. Reconozco que muchas veces me ha sorprendido que me recordaran por mi gusto por los sombreros.
Sugerencia: Apuesta por la autenticidad y sé arriesgada. Sobre todo opta por lo que te haga sentir segura y cómoda. La confianza se proyecta y es lo primero que los demás perciben.
4.-Comunicación clara
La claridad y la capacidad de síntesis son esenciales en eventos donde se interactúa con muchas personas en poco tiempo. Cuando estés compartiendo tus ideas, asegúrate de ser clara y concisa. Evita divagar o saturar a las personas con detalles innecesarios.
Sugerencia: Escúchate y observa las posibles señales de desconexión de tu audiencia, e incorpora preguntas para aumentar la interacción.
No te olvides de que la vida te pone delante regalos y depende de ti saberlos ver y aceptarlos.
Aprovecha cada oportunidad para ir avanzando y optimizando tu presencia y sacando brillo a tu diamante.