El arte de la resiliencia

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Maria Blanchard: una artista en la sombra

Conocer la vida y trayectoria profesional de María Blanchard supone todo un aprendizaje del significado del término resiliencia en un momento en que utilizamos esta palabra como una de las competencias más demandadas en el ámbito profesional.

Con unas raíces del latín “resilire”, que significa “saltar hacia atrás”, este término se empezó a utilizar en el ámbito de la física e ingeniería en el siglo XIX  para describir la capacidad de un material para recuperar su forma original después de haber sido deformado por una fuerza externa. Hoy en día, el término «resiliencia» sigue describiendo esa adaptación frente a la diversidad y lo podemos ver en muchos campos, como la psicología, la sociología, la ecología, la ingeniería, la economía y la planificación urbana.

Nacer mujer a finales del siglo XIX con una grave enfermedad de espalda, cifoescoliosis, que no sólo le hace ser diferente a los ojos de la sociedad por su pequeña estatura, sino que le ocasiona graves dolores durante toda su vida; tener la determinación de ser independiente y querer dedicarse a lo que constituía su pasión por pintar; sobrellevar las barreras políticas de una primera guerra mundial; ser el amparo económico y moral de su familia y vencer la discriminación por ser pintora hasta el final de su vida, constituye el mejor ejemplo de una resiliencia inspiradora.

Ser dueña de tu nombre

María Gutiérrez-Cueto Blanchard nace en Santander en 1881, el mismo año que Picasso en el seno de una familia culta, con intereses artísticos y culturales y con una gran tradición religiosa, aspecto que podemos valorar en algunas de sus obras.

Nunca fue modelo de artistas, ni musa de artistas, ni amante ni mujer de artistas. De hecho hay muy pocas fotografías y cuadros suyos y no se conoce ningún autorretrato. Unas de las pocas imágenes que tenemos de ella es el retrato que realizó su amiga Tora Vega Holmström. Su objetivo fue ir construyendo su carrera explorando distintas técnicas y fórmulas de practicar la pintura.

Empezó su trayectoria aprendiendo de grandes maestros como Alvárez de Sotomayor, que fue director del Museo del Prado y Emilio Salas en Madrid y gracias a los premios que ganó en algunos certámenes pudo seguir su preparación en París y asistir a  la Academia Vitti donde estuvo al lado de Anglada Camarasa, pintor español que gozaba de gran éxito en la capital francesa. París, en esos momentos era un verdadero hervidero de ideas en plena creación de un nuevo lenguaje artístico que cambió el paradigma de la modernidad: el cubismo.

María empieza a forjar su propio lenguaje estético y explora un cubismo analítico muy personal, apartándose de las reglas de este nuevo lenguaje. Su cubismo se define como ornamental, diverso, combinando formas y colores y del cual continúa aplicándolo en su trayectoria en sus cuadros posteriores cuando empieza investigando la figuración.

Tras estos primeros años, María decide cambiar su firma y hacerlo a partir de entonces con el apellido francés de ascendencia polaca de su madre. Esta decisión está unida a la de abandonar a los 4 meses el puesto de profesora de pintura en Valladolid por el mal trato que recibió e instalarse definitivamente y hasta su fallecimiento en París.

Resiliencia artística

Estudiar la biografía de esta gran artista nos aporta ideas sobre lo que ayudó a Blanchard a mantener sus ideales y sus valores, a decidir vivir en París y seguir pintando a pesar de su situación económica y que nos puede ayudar a mantener nuestra capacidad de resistencia en nuestro día a día actual.

Una de las características es por ejemplo, pertenecer a círculos de personas cercanas con intereses comunes. En el caso de María, sus relaciones intelectuales con grandes artistas con lo que tuvo una amistad profunda como Diego Rivera y Angelina Beloff con quienes compartía piso en Montmarte; trabajar codo a codo con Juan Gris y relacionarse con mujeres muy influyentes como la rusa Maria vasiliev y la que fue su alumna y futura gran artista brasileña, Tarsila do Amaral.

La invisibilidad del talento

A pesar del gran valor artístico y personal de esta pintora existe aún hoy en día un gran desconocimiento de su aportación al Arte en mayúsculas.

El Museo Picasso de Málaga ha organizado la tercera exposición en España dedicada a María Blanchard desde su fallecimiento en 1931, y viene a solucionar el gran vacío y el silencio que ha sufrido el nombre de esta gran artista.

Gracias a esta iniciativa hemos podido admirar en esta magnífica retrospectiva las obras de una artista que centró su mirada en la mujer muchas veces situada en un entorno cerrado y opresivo.

Conocer a María Blanchard hace ya más de 12 años en la exposición que se celebró en el Reina Sofia supuso para mí el comienzo de mi dedicación a visibilizar el talento invisible.

Volver a contemplar sus obras y poder escribir sobre ella es el pequeño homenaje que quiero hacer al gran diamante de esta pequeña gran mujer.