Hay veces que es necesario esperar el momento adecuado para expresar tu libertad. La libertad a secas. Sin apellidos. Porque cuando eres libre, no sólo lo eres en la manera de expresar tus ideas ya sean políticas, económicas, sociales o sexuales, sino en todas las facetas que engloban tu vida, desde la manera de ejercer la maternidad, de enfocar las relaciones y sobre todo la libertad artística como en el caso de la mujer valiente con mayúsculas que ocupa hoy el blog.
Pero si algo que marca la diferencia de esta artista es el convencimiento que tenía ella de que todas las personas tienen derecho a hallar su lugar en la sociedad.
Inicio de su libertad
Huguette Caland, considerada como la artista más importante del Oriente Medio Contemporáneo, aunque ya había estudiado dibujo a los 16 años, esperó a la muerte de su padre en 1964 para iniciar no sólo su carrera artística sino su vida plena llena de viajes y experiencias.
Nacida en Beirut en 1931 cuando todavía el país estaba bajo el gobierno francés, fue hija única de Bechara El Khoury, quien en 1943 se convirtió en el primer presidente de la recién independizada República Libanesa.
La desaparición de su padre se convirtió en el punto catalizador para que Huguette se liberara tanto de las restricciones patriarcales de la sociedad libanesa como las de hija y cuidadora.
Su primera obra es “Rojo, sol; cáncer” y expresa un doble mensaje: por un lado un ardiente nuevo comienzo de su vida y a la vez la representación de lo que sintió y vivió durante la enfermedad de su padre. Es un alegato a cómo una misma situación puede tener ambos polos: positivo y negativo.
Según ella mismo definió “el medio que he utilizado para el arte ha sido sobre todo mi propia vida”. En los más de 300 dibujos, pinturas, esculturas y trabajos en otros medios que se han podido disfrutar en el Museo Reina Sofia de Madrid en la primera retrospectiva de esta artista en España este verano, hemos podido observar sus diferentes etapas y sobre todo la permanente manifestación de su libertad.
La diáspora como signo liberador
La preocupación fundamental de su obra es la sociabilidad del yo en sus constantes interacciones con los demás y con los lugares en los que viven, interacciones que a veces causan alegría y otras veces tristeza, pero que siempre nos enseñan algo.
Creo que conocer la obra de Caland en el momento socio político que estamos viviendo es muy importante ya que siempre sintió que vivía en una diáspora. Ella siempre va a estar conectada con su lugar de nacimiento donde volverá en 2013 para pasar los últimos años de su vida en el Líbano, donde falleció en 2019. Sin embargo, va a vivir en diferentes países y de todos ellos se empapa de los viajes que realiza, del momento que vive cada ciudad y sobre todo de las personas que viven en ella: Beirut, París, Los Ángeles, Venice Beach y de vuelta al Líbano donde produce sus últimas obras llenas de barcas azules.
En 1970 se muda a París buscando una mayor libertad creativa y reside en la capital francesa durante 17 años. Allí empieza a desarrollar su arte y comienza a romper moldes y estereotipos, utilizando en sus obras representaciones gráficas de cuerpos desnudos y formas fálicas que muchas veces no son vistos por la sociedad como aceptables por venir de una mujer.
En las obras que realiza durante esta etapa podemos entender que la liberación que sintió Caland en París, fuera de la opresión de la sociedad y del cuidado de su padre, le permitió empezar a experimentar una autonomía e independencia que le llevó a descubrir la sensualidad del cuerpo.
El caftán como expresión de libertad
Otra de las formas de expresar sus ideas y su libertad fue a través de su vestuario. Tras la muerte de su padre, Caland decidió cambiar el vestuario de estilo europeo de alta costura que se le exigía por su clase. Ella nunca se sintió cómoda con este tipo de ropa pues no le sentaba bien a su cuerpo. Por ello empezó a diseñar a principios de la década de los 70 varios caftanes de seda bordados que incluían motivos de sus cuadros.
En 1978, en un encuentro casual con el diseñador Pierre Cardin en una de sus tiendas en Paris, éste quedó impresionado por el caftán que llevaba y le ofreció colaborar en su estudio en una colección de prototipos de abayas de alta costura y artículos de hogar inspirados en el arte islámico, que ella bautizó con el nombre de Nour, o luz, en árabe.
Huguette Caland presentó esta colección al público en 1979 y después de un año trabajando con el diseñador francés, decidió abandonarlo pues se dio cuenta de que no le interesaba sacrificar su autonomía artística para dedicarse al diseño comercial. Una vez más, Caland, a pesar de sus dificultades económicas, prefiere ser libre a estar segura.
De hecho, el trabajo con Cardin fue el único empleo que formalmente llega a tener a lo largo de su vida
Además de expresar su defensa y lucha por los derechos de la mujer a través de sus obras, Huguette fue en 1969 confundadora de una ONG llamada Inassh, organización que hasta hoy continúa ayudando a mujeres palestinas de los campos de refugiados libaneses a aprender y sacar provecho de las labores tradicionales del bordado palestino y tener su libertad financiera.ç
Cómo ha ocurrido con otras mujeres de su época, ha llevado mucho tiempo para que se aceptara su lugar como artista. Hoy, su obra es reconocida ampliamente y está presente en las colecciones de los grandes museos de arte contemporáneo del mundo: Hammer Museum y LACMA de Los Ángeles, el MoMa y el MET de Nueva York, la Tate Modern o el British Museum de Londres, entre otros.
Aprendizajes del arte
Después de visitar hasta tres veces la exposición, y quedarme con ganas de disfrutarla unas pocas más, me he quedado fascinada por la variedad de sus propuestas y sin embargo con un mismo mensaje de libertad.
arte y sus protagonistas son la inspiración para múltiples aprendizajes de vida.
1.- Expresa tu valor, cualquiera que sea. Por pequeño que nos parezca, nuestra fortaleza, nuestro diamante es único. Valorizarlo es nuestra responsabilidad. Nos cuesta hacerlo por las creencias que nos inculcado. “La libertad se aprende practicándola” de la gran Clara Campoamor nos invita a empezar a hablar bien y mucho de nuestro trabajo.
2.- La libertad tiene un precio. En el caso de Caland, declinó seguir trabajando con unos de los diseñadores más importantes por una cuestión de libertad artística y moral. Muchas veces observo que no hay movimiento no por falta de ganas sino por miedo a perder algo.
3.- Ayudar a crecer a otras personas te hace más grande. La libertad de pensamiento de esta artista y su compromiso con las mujeres le motivó la creación de una ONG para promocionar su libertad financiera.
Apoyar a personas que están empezando con programas de mentorización es una de las actividades que más me satisfacen.
4.- Nunca es tarde. En una época en la que el edadismo está presente en nuestra sociedad, considero necesario ser consciente de que nunca es tarde para aprender algo, para empezar una carrera o emprender un negocio. La neuroplasticidad nos ha mostrado que nuestro cerebro puede aprender hasta el último día de nuestra vida. No dejemos que nos hagan creer lo contrario.
5.- Abrir la mente te hace crecer: Viajar significa no sólo implica hacer fotos fake para Instagram, sino empaparte de la cultura, de sus gentes y de sus calles. Y, estoy de acuerdo con Jim Rohn, “somos la media de las personas con las que nos relacionamos”.
Necesitamos muchas más Caland que iluminen nuestro camino.
Si quieres alguna ayuda para hacerlo, te acompaño.

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