El arte, una vez más, se convierte en protagonista del rumbo de mis viajes y por consiguiente de mi inspiración.
Como parte de las actividades organizadas para celebrar el 150ª año del Impresionismo, la Galleria Civica d’Arte Moderna e Contemporanea de Turín (GAM) dedicó en la primavera de este año una exposición monográfica a la única mujer presente en la primera exposición de este movimiento en 1874, Berthe Morisot.
Estudiar la historia, entender el rumbo de su trayectoria artística y sobre todo disfrutar de la sensibilidad y la belleza que reflejan sus obras me llevaron a volver a la primera capital italiana por segunda vez en menos de un año.
Berthe nace en el seno de una familia burguesa francesa en 1841 y junto a su hermana Edma va a recibir formación artística de grandes maestros del momento, como Camille Corot, gran exponente del paisajismo en Francia.
La calidad de las obras de ambas hermanas queda de manifiesto cuando son aceptadas en el Salón Oficial de París de 1864, evento patrocinado por el estado francés para dar a conocer artistas y en el que participarán durante tres años.
Impresionismo: la revolución del arte
El rumbo artístico de Morisot va a dar un giro cuando el pintor romántico Henri Fantin-Latour presenta en 1868 a las Morisot a Edouard Manet durante una sesión de copiado en el Louvre. Empieza una prolongada amistad y un continuo intercambio a nivel artístico entre ambos que traspasará al entorno personal.
Por un lado, Manet pintó a Berthe en más de una decena de cuadros entre 1868 y 1874, siendo protagonista total de retratos y de obras de gran tamaño.
“El balcón” presentado en el Salón Oficial en 1869 es uno de los más conocidos no solo por la calidad del lienzo y por considerarse obra precursora del impresionismo, sino también por la polémica que se formó por los rumores en torno a la relación que mantenían y que nunca se confirmó.
Por otro lado, la artista va a adquirir y perfeccionar la técnica “plein-air” (pintura al aire libre) que va a ser una de las características del movimiento impresionista a la vez que se inspira en los temas que Manet realiza para sus propias obras.
El año 1874 va a ser una fecha importante para Berthe Morisot. Muere su padre y además de convertirse en cuñada de su mentor, amigo y compañero al casarse con Eugéne Manet, va a ser la única mujer que participe en la primera exposición Impresionista.
Morisot será una pieza clave en todas las exposiciones impresionistas que se celebran a excepción de la celebrada en 1878 por el nacimiento de su hija.
De hecho, en 1882 Berthe junto a su marido financian la 7ª exposición impresionista presentado doce obras en la muestra.
Rompiendo con las convecciones
La práctica de la pintura por parte de las mujeres de las clases más acomodadas se consideró durante mucho tiempo un elemento de ocio y no como una profesión, lo que ha provocado el abandono de muchas artistas a la hora de contraer matrimonio.
Este fue el caso de Edma, la hermana y compañera artística de Berthe, que se convertirá en su modelo preferida junto a las hijas que tiene tras casarse con Alfred Pontillion. Por fortuna, la vocación artística de Berthe es más fuerte que las convecciones sociales y continua con su producción artística después de su matrimonio con Eúgene.
Lo que podría ser una dificultad lo transforma en oportunidad y serán su marido y su única hija Julie, su fuente de inspiración para sus lienzos representando escenas cotidianas.
El interés de Berthe por plasmar el mundo que le rodea hace que ignore los límites de la pintura de género y dota a sus obras de pinceladas llenas de luz propias de obras en acuarelas con un uso magistral de los colores pastel y los blancos luminosos que confieren un aire etéreo a sus composiciones.
Una vez más, Berthe va a convertir una dificultad en oportunidad. Las críticas que recibe por dotar a sus óleos de ese toque lo convierte en seña de identidad y marca personal y pasa a ser considerada como una de las mejores maestras en acuarela.
Según palabras del poeta francés Paul Valéry, “la singularidad del Berthe es que vive su pintura y pinta su vida”.
Consigue su primera exposición individual en 1892 en la Gallerie Boussod Valadon et Cie y de nuevo este reto coincide con un hecho dramático: la muerte de su marido.
Berthe fallece a los 54 años de edad solo tres años después de su marido tras una complicación pulmonar. Al año de su muerte, en marzo de 1896, se celebra la primera muestra póstuma de la pintora en la galería Duran-Ruel organizada por artistas amigos como Degas, Monet, Renoir y su hija Julia.
El poder de la confianza
Es indudable el valor de la obra de Berthe Morisot y su influencia en uno de los movimientos clave de la historia del arte. Gracias a su talento y determinación al enfrentarse a los prejuicios de la época, que relegaban a las mujeres a un papel secundario en el mundo del arte, fue posible forjar un camino propio y dejarnos un legado artístico y personal invaluable.
Me quedo con la frase que resume la seguridad en su fortaleza, en su diamante:
“Lo que yo pido es que me traten como a un hombre. Yo sé que valgo tanto como ellos”




